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#HoySoy Rebeca, madre de Alicia, policía.

No te quiero engañar, me siento muy orgullosa de mi hija. Aunque me sorprende que Alicia haya decidido ser policía, y sufro un constante miedo por ella. 

Todas las madres sufrimos por nuestros hijos, lo sé, soy consciente. 

No sólo queremos lo mejor para ellos, si no que también queremos evitarles cualquier sufrimiento. Su felicidad se acaba convirtiendo en nuestra principal prioridad. 

Y no sé cómo llevo la felicidad de mi hija. 


Por un lado está tan guapa con su uniforme... Su sonrisa se esconde debajo de esa gorra, y la apaga cuando camina por la calle, junto a su compañero. 

Por el otro... corre tanto riesgo.. 

No sólo el riesgo de un atentado, de que un criminal la mate. Que es terrible, que me asusta, pero entiendo que es parte de su trabajo. 
Lo que no entiendo, ni entenderé nunca, es el ataque gratuito que recibe por parte de esas personas a las que cuida y protege. 

Me enfado, me enfado mucho, y gritaría cuatro cosas bien dichas a esa gentuza. Pero ella siempre me calma. Me dice que no me preocupe, que esas mismas personas se darán cuenta de su error, si un día se ven en un aprieto. Porque ella, como sus compañeros y compañeras, siempre hacen su trabajo. Por mucho que les duela y les cueste. Entienden que muchos ven una placa, no una persona. 

A veces tiene que hacer cosas que no le gustan, a veces tiene que aguantar esos impulsos normales de cualquier ser humano, cuando se encuentra con situaciones terribles. 

A veces viene triste, por lo que ha visto u oído. O por las limitaciones legales con las que se encuentran todos los días. Y la abrazo, la dejo llorar, la escucho y le hago su comida favorita. Y me quedo a su lado, hasta que esa preciosa sonrisa vuelve a asomar en su carita. 

Y entonces, cuando pienso en todo lo que hace, todo a lo que se enfrenta, todo lo que soluciona y ayuda... Se me hincha el corazón y sé que algo bueno debo haber hecho en esta vida, que me ha regalado a mi niña.

No, no es lo que había querido para ella, pero me enorgullece saber que está ahí, dando todo por nosotros. Aunque me tiemblen las manos al contestar el teléfono, cuando ella está de servicio... 



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