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Carta al "triste"

Hola triste, 

Te he visto esta mañana, en la oficina del "paro".
Con esa mirada tan sombría,  que no sabía si sentarme y hacer lo que venía a hacer, o ir a por un dulce para ver si te alegraba el día. 

Pero tenía que hacer cosas,  y me decidí por lo primero.
Sentarme frente a ti, y sentir tu desgana, tu aburrida pasividad,  tu penosa desmotivación.
Y sorprenderme ante tu falta profesionalidad,  que cosas, pensaba que al entrar en materia, aún con tu mirada triste, pedirías lo que necesitabas, me facilitarías la información necesaria,  algo...

Aguantarme la risa (estaba más animada que tú), cuando al preguntarte qué había firmado, me contestaste "un documento", así, sin pestañear. 

Ojo, que te entiendo. 
Entiendo que tu trabajo puede ser frustrante, que ves cada día a personas preocupadas, agobiadas, tristes, por la pérdida de su empleo, por su futuro.
Entiendo que cada día,  haciendo lo mismo, convirtiéndote en una parte más de ese escritorio frío y descorazonador,  quema a cualquiera. 

Pero también entiendo, que trabajas con personas.  Que nadie te pide que seas unas castañuelas ante la preocupación de los demás.
Una sonrisa, unas respuestas claras, y un poco de sangre, a la hora de comunicar los procedimientos,  pueden ayudar a esas personas,  a entender y relajarse,  y poder enfrentar la situación un poco mejor.

Quizás es que te vi antes del segundo café,  ese que unido al primero,  te devuelve el alma al cuerpo. 
Quizás es que tenías un mal día,  de esos que ya te levantas con mal pie.
Quizás es que no estás acostumbrado a las preguntas. 
Quizás soy yo...

Aún así,  pensando en que habrán personas mucho más tristes que tu,  y que deban esperar de ti una señal de que no todo es una mierda, te pido, no, te ruego, que pruebes a ensayar una sonrisa de vez en cuando...

A mi, me funciona. 


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