Ir al contenido principal

¿Realmente es necesario crecer?

Disfruto mucho de la compañía de mis hijas, sobre todo porque a su lado recuerdo lo genial que es ser un infante.

Me encanta ver peliculas clasificadas de "infantiles", porque mientras ellas ven la historia, yo me doy cuenta de los detalles, de la moraleja, de sus miradas mientras ven a un niño volar sobre el lomo de un dragón llamado Fuyu...

Que facil resulta reir mientras vemos al gato con botas de Shrek poner cara de pena o llorar mientras Mulan oye de boca de su padre -" El mayor de los honores, es tenerte a ti por hija..."
o emocionarnos cuando la ayudante italiana de la madre del prota de Los Goonies descubre las piedras preciosas escondidas en la bolsa de las canicas...


Ya iba al cine a ver este tipo de peliculas cuando todavia no tenía hijas, ahora es la excusa perfecta, pero la realidad es que me siento genial siendo una niña más, ilusionándome con las cosas, creyendo que los sueños se hacen realidad o al menos divertirme mientras me imagino dando un susto de muerte a "alguien" escondida en mi capa de invisibilidad, parecida a la que utiliza Harry Potter en la cámara secreta.


Y todo eso en los minutos que duran los días que paso en mi Narnia particular...


Imagino que habrá quien no me entienda, o quien crea que estoy loca.


A esos les reto a un duelo de espadas en el patio de armas del castillo en Camelot...

CONTINUARÁ...

Comentarios

  1. Madre mía, qué infantil...


    Me mira a mí
    No hay nadie más
    Y me ha rozado la pezuña sin temblaaaar

    No puede ser
    Mira hacia aquí
    Y juraría que la he visto sonreir

    Eeeees una maaaaagia extrañaaaaaa... (en fin, el punto ha quedado claro xD)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Siempre se agradece un comentario, siéntete libre de opinar :)

Entradas populares de este blog

LA TELEOPERADORA DEL BANCO SANTANDER.

Debo dinero. Voy con retraso en los pagos de la hipoteca, que tengo en el Banco Santander, porque el "iluminado" del director de mi oficina no hizo bien su trabajo (o no sabe utilizar la calculadora) y cuando se suponía que me iba a ayudar a solucionar un problema, me metió en otro peor.
Desde hace unos meses, me llama unas 20 veces al día, el departamento de recobros del Santander. Al principio les contestaba, les explicaba la situación, les indicaba el día en que podría hacer un ingreso, etc. Siempre con la amabilidad que me carácteriza. Entre otras cosas, porque entiendo que es su trabajo y se supone que no hay nada personal en su llamada.
Después de encontrarme con varias teleoperadoras de lo más borde, maleducadas y groseras que no solo no atendían a razones, si no que además se molestaban en tratarme como si yo fuera una vividora y mala persona. Dejé de cogerles el teléfono a pesar de que empiezan las llamadas a las 8 de la mañana y la última llamada es sobre …

#HoySoy YO

Me llamaban rebelde, de pequeña. No sé porqué

Ya que nunca fui de esas rebeldes que se encaran a nadie, no tenía el valor suficiente para hacerlo. 
Era de esas rebeldes que parece que obedecen, pero acaban haciendo lo que quieren. Así... discretamente. 

Es algo innato, un toque de supervivencia imagino. 

Cada uno crece y evoluciona como puede, o como le dejan. 

Ya adolescente, aprendí a usar mis "armas de mujer", que ahora, visto en la distancia, suena taaaan feo... 

La verdad es que nunca me he declarado abiertamente feminista. Ni bisexual, ni escritora, ni sincera, ni tantas cosas que soy. 
Supongo que porque no he tenido la necesidad de hacer ese tipo de declaraciones. 

Pero será por la edad, o por la seguridad en mí misma, que me ha costado más de cuarenta años conseguir, que ahora no me importa hacerlas. 

Sigue sin ser una necesidad, pero ya no guardo mi ser en la intimidad de mi familia y amigxs. 

Quizás también tenga mucho que ver, el tener a mi lado a unas grandes mujeres, que…

La pintora solitaria #Cuento

.craig / Foter / CC BY-NC-ND
Pareciese que nunca había sido feliz; que nunca hubiese sonreído libremente. 

Alba pasaba desapercibida en el gran restaurante, a pesar de ser la pastelera de uno de los restaurantes de postín de su ciudad. 
Menuda, rubia, de un blanco de piel que podríamos calificar de pálido, labios finos, ojos claros pero discretos.
Discreta.... esa es la definición perfecta para ella, una personita discreta.

Sus compañeros conjeturaban sobre su vida, pero nadie sabía nada a ciencia cierta. 
Nunca se le veía con prisa por salir, no hablaba de su familia, ni de sus aventuras o amores, ni de sus amigas o amigos. No hablaba por teléfono con nadie y, aunque era correcta con todo el mundo, nunca había sido social con el personal.

Pero eso era en su vida "de fuera", como le gustaba llamarla. Esa vida que servía para pagar las facturas; la que le convertía en una persona "normal"; la que había estudiado; la que le aportaba una rutina de la que huir.

Pero ella tenía…