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La sencillez de la infancia

Nos pasamos casi todo el tiempo trabajando mucho, para ganar más dinero, para poder comprar más cosas, para tener más contentos a los nuestros, para así poder estar más contentos nosotros, sin darnos cuenta que se podría estar mucho mejor con algo menos.

A mi me pasa, menos mal que de vez en cuando alguna de mis hijas me hace volver al planeta tierra.

Ayer al llegar a casa, estaba cansada, dolorida y preocupada.
Tuve que hacer de mamá-sargento con mi hija mayor, porque está en una edad que de vez en cuando necesita una regañina para que vuelva a encaminarse.

Y después de cenar, al sentarme por fin en mi viejo sofá, mi pequeña se sentó a mi lado y me preguntó: -"mamá, ¿porqué llegas siempre tan tarde?"
-"pues porque tengo que trabajar"
-"¿y no puedes trabajar como yo, hasta las cinco?"
-"no princesa, si hago más horas, puedo ganar más y comprar más cositas para ti..."
-"Pero yo solo quiero un vestido de princesa"
-"Si, pero también compro comida"
-"pero yo puedo comer todos los días macarrones, que son lo que más me gusta"
-"Si pero ahora viene Papá Noel y ya sabes que los papis le tenemos que ayudar con los regalos"
-"Pues que nos ponga en su lista de niños pobres y nos los traiga solo él¡¡"

Tras un buen rato intentando explicarle el motivo de mi horario y del de su padre, me dí cuenta que todas mis explicaciones eran rebatidas con una eficacia y una simplicidad abrumantes.
Y me recordó lo sencillo que puede ser hacerlas felices.
Le he prometido que este año iré a su festival de navidad del colegio.

Gracias, princesa...

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